¿Partidos democráticos?
Este fin de semana se han llevado a cabo dos importantes actos en los partidos más relevantes del país: el Congreso Nacional del Partido Popular y el Comité Federal del PSOE. A pesar de las divergencias ideológicas entre las dos formaciones es curioso comprobar que el funcionamiento interno sigue un paralelismo asombroso.
En la reunión del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoo fue reelegido, entre vítores, aclamaciones y augurios de próximas victorias electorales (tal vez algo prematuras) con el noventa y nueve por ciento de apoyos.
Por su parte, en el Comité del Partido Socialista Obrero Español, Pedro Sánchez consiguió el refrendo casi absoluto para su nueva ejecutiva.
En ambos casos la pregunta es la misma: ¿puede haber democracia si no hay discrepancia? Si no hay diferentes corrientes, diferentes alternativas, los votantes en estos eventos ¿estaban ejerciendo su libertad o simplemente hacían gala de su apoyo inquebrantable al líder? Más aún, si a alguien se le ocurre exponer algo diferente (como en el caso de Emiliano García-Page), ¿no basta con, sencillamente, desechar su propuesta por minoritaria? ¿Hay que tacharlo de "hipócrita", desleal y traidor? ¿No será un exceso de devoción al mandatario tratar de anatematizar al discrepante, quizá para que el líder vea quien lleva la antorcha que habrá de prender la Pira?
Esta actitud se extiende también a las dos Cámaras, en las cuales alguien introdujo lo que llamó "disciplina de voto" que, a mi juicio, no es sino la castración de la libertad de expresión, el pensamiento propio y la conciencia personal. ¿No es acaso admisible que alguien pueda pertenecer a un partido político sin estar de acuerdo por completo con la totalidad de sus planteamientos? ¿Y, si es así, qué necesidad hay de tener representantes (senadores o diputados) elegidos en sus circunscripciones con un nombre propio y un acta que les pertenece a ellos y no a su partido? ¿ Para eso casi sería mejor que cada partido votara con el peso de su porcentaje de votos sin necesidad de tener que remunerar a una caterva de individuos que sólo pueden votar según se les indica. Considero que va contra natura que nuestros representantes voten de forma obediente y disciplinada porque la sociedad no lo es: los electores votan a un partido, cierto, pero eso no quiere decir que prefieran toda la legislación propuesta por él y rechacen, como abominable, toda la que propone el partido rival.
En conclusión, los ciudadanos no estaremos en un régimen plenamente democrático hasta que no haya fuertes diferencias resueltas por votaciones algo más discutidas dentro de las formaciones políticas y que los miembros de éstas designados como representantes del pueblo no se atrevan a, en determinados casos, defender sus posturas y no las de la organización que les ha otorgado el puesto. ¿Cuándo se atreverá algún representante a esgrimir que el sueldo no se lo paga el partido sino la ciudadanía? Sólo entonces, tal vez, estemos en una democracia plena.
Por QuoHispania el 2025-07-07